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Escrito por movimientos sociales
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En la actualidad, ante la agudización de la crisis, un gran número de economistas e

intelectuales suspiran por el keynesianismo, y su añoranza se debe a que suponen

representó un "orden" benigno acompañado de un proceso de industrialización.

 

Efectivamente al keynesianismo le correspondió acompañar a la industrialización de la

región, empero, se olvidan decir que ese proceso se levantó sobre una intensa

explotación de los trabajadores y una feroz represión. En este contexto tienen lugar

respuestas importantes de trabajadores de la educación, médicos y por supuesto los

ferrocarrileros. Estos últimos llevaron a cabo durante 1958-59 una importante

movilización que hay que recobrar en la memoria, pero no como un mero recreo de

anécdotas o juicios a individuos, sino recuperando las experiencias y analizar el trabajo

destructivo que tanto la estructura sindical como los grupos estalinistas (Partido

Comunista Mexicano, PCM, Obrero Campesino Mexicano, PCOM y Popular socialista,

PPS) jugaron en la derrota de esas movilizaciones.

1936-48: una combatividad controlada por el sindicato

El proceso de industrialización en México a fines del siglo XIX, encontró un fuerte

apoyo en la construcción del ferrocarril, y en la expansión industrial en México durante

el período 30-60 vuelve a ser un importante bastión, lo que explica su crecimiento, y

con ello el incremento de la masa de asalariados, alcanzando para ese entonces una

plantilla de más de 100 mil trabajadores. La importancia de este sector llevó al

gobierno de Cárdenas en 1937 a ponerlo bajo el control del Estado; y para poder llevar

a cabo este proyecto utiliza al sindicato, en tanto logra que, a través de este, los

trabajadores abandonen sus intereses y se plieguen a los de la burguesía nacional. Un

claro ejemplo de este trabajo antiobrero de la estructura sindical y del PCM (que en

ese entonces compartía la conducción de la Confederación de Trabajadores de México,

CTM) se presenta en la huelga ferrocarrilera rota en 1936. Cuando Cárdenas rompe la

huelga, aduciendo que requería movilidad para trabajar en la proceso de

nacionalización, el sindicato se encarga de hacer pasar ese golpe (y luego la

nacionalización) como triunfos.

No obstante el dominio sindical, los trabajadores resienten el hecho de que la

industrialización se acompañara de un crecimiento de los niveles de explotación. El

gráfico nos permite ver el ritmo en que la productividad del trabajo se incrementa (y

con ello la explotación), mientras los salarios se mantienen comprimidos; tan sólo los

niveles presentes en 1940 son recuperados hasta fines de los años 50.

Por ello reconocemos en las movilizaciones de trabajadores durante este período como

genuinas respuestas en defensa de sus condiciones de vida. En particular los

trabajadores de los ferrocarriles demostraban una combatividad creciente que

molestaba al sistema, por lo cual de manera sistemática se impulsaban maniobras

sindicales para su contención.

Ya para la década de los 40 la CTM iba perdiendo credibilidad entre los trabajadores

por el excesivo corporativismo y su actuar mafioso, que se nota en las pugnas entre

las diferentes facciones, por ello el Estado busca ampliar el espectro sindical con

"nuevas" estructuras, como lo fue la Central Única de Trabajadores (CUT), formada en

1947, a iniciativa (entre otros) del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la

República Mexicana (STFRM). De esta manera reforzaba el control obrero y la

burguesía aprovechaba muy bien sus servicios para sembrar la confusión entre los

trabajadores. Por ejemplo la CUT juega un papel importante en la difusión de la

ideología nacionalista, empujando a los trabajadores a unificarse en torno al Estado en

el momento en que éste negocia el Plan Clayton (1947), con el cual los EUA pretendían

la eliminación de barreras arancelarias, amenazando así con la ruina de sectores de la

burguesía en México. Luciano Cedillo, quien fuera representante del STFRM en

Monterrey en ese período, de una forma un tanto ingenua, reconoce ese papel anti-

obrero del sindicato cuando refiere que para enfrentar tal Plan "... nos aliamos (...) con

la Cámara de la Industria de la Transformación, es decir nos aliamos con los

Y aún cuando el sindicato de los ferrocarriles nacionales sirvió bien a la burguesía

alejado de la CTM y apuntalando a la CUT, al reproducir el mismo esquema de

corrupción y pugnas presente en la CTM, hace que su utilidad decaiga, más aún

cuando requería hacer pasar un fuerte golpe en contra del salario.

En 1948 la presión inflacionaria golpeaba seriamente las condiciones de vida de los

asalariados. El índice de precios de los alimentos se aceleraba de forma notoria: en

1940 este índice tenía un valor del 3.3 y para 1948 alcanzaba el nivel de 10.8, lo que

significa que en 8 años este índice de precios se incrementó en 16%. Ante un

panorama así la Confederación Patronal de la República Mexicana se adelantaba a

advertir que: "Sería catastrófico en estos momentos un aumento general de los

salarios..." añadiendo que la única forma de enfrentar las secuelas inflacionarias era

mediante "un incremento real y efectivo de la producción...". Esa misma posición era la

del gobierno de Miguel Alemán. De manera inmediata el aparato sindical, CTM y CUT,

se apresuran a ofrecer el apoyo al gobierno. Sin embargo, la CUT presentaba una

debilidad para ser usado por la burguesía, por un lado, como lo recuerda Luciano

Cedillo: "... en el seno del aparato sindical había inmoralidad..." (De Juan soldado a

Juan rielero. Publicaciones Mexicanas, 1963. p40), es decir había un desprestigio que

limitaba su poder de dominio de los trabajadores, por otro lado, al interno de la

empresa se da una disputa de poder entre el sindicato y la administración. De manera

que aunque la CUT y con ella el STFRM se comprometían a contener el descontento de

los ferrocarrileros e impedir el estallamiento de la huelga, no aseguraban poder

mantener control, sobre todo por el propósito de destituir a la administración. Bajo

esos motivos el Estado mediante un golpe de mano, desconoce a los representantes

sindicales e impone como secretario del STFRM a Jesús Díaz de León alias el "charro"

(a partir de entonces suele denominarse como "charro" al sindicalismo oficial).

El "charrazo" va acompañado de una toma de instalaciones por parte de la policía y el

ejército, la aprensión de sindicalistas como Valentín Campa (de filiación estalinista) y el

despido de una gran cantidad de trabajadores. Este suceso sin duda muestra la

brutalidad del capital para imponer sus programas de austeridad, y aunque da la

apariencia de que es al sindicato a quien se le golpea, son los trabajadores los que en

realidad son afectados. No dudamos que el legendario Valentín Campa pudiera estar

actuando honestamente, pero el problema no son los personajes, es el papel que la

estructura sindical juega en la fase decadente del capitalismo, la colocación de una

dirección oficialista para ese momento convenía más para su proyecto de austeridad y

de represión, pero a fin de cuentas el trabajo que el sindicato ferrocarrilero venía

realizando hasta antes del "charrazo" era también de control de la combatividad. Tanto

el sindicalismo charro como el independiente cumplen el mismo papel: la contención

de la combatividad obrera, es imposible e ingenuo pretender "rescatar" al sindicato

encumbrando personajes honestos en las carteras pues es una estructura del Estado

metido en la trinchera obrera.

1958-59: Una gran derrota contra el proletariado

Aunque la burguesía logró someter el descontento de los trabajadores, no había podido

eliminar la inflación que seguía golpeando al conjunto de la clase obrera (el índice de

precios de los alimentos para 1957 era de 20.9, disparándose en 1958 hasta 23.4), por

ello desde 1957 vuelven las manifestaciones callejeras por aumento salarial. El

descontento y la amenaza de expresiones masivas de trabajadores, eran tan reales

que el presidente Ruiz Cortines, convocó a la formación de un frente sindical único, y

así poder contener mejor el descontento. Aún con mucha dificultad las manifestaciones

de los trabajadores lograban ponerse por encima del aparato sindical. Los telegrafistas

por ejemplo, logran inicialmente oponerse al sindicato oficial y estallan la huelga, pero

la falta de experiencia los lleva a suponer que requerían de un aparato sindical paralelo

"no oficialista", con lo cual el capital recupera el control y se asegura de mantenerlos

aislados (incluso rechaza abiertamente el apoyo de maestros y trabajadores del

correo), asimilando así rápidamente el descontento.

En ese mismo tenor el descontento y confusión se presenta entre los ferrocarrileros

cuando en los primeros meses de 1958 exigen aumento salarial. Una experiencia

importante es la formación de una "Gran Comisión pro aumento salarial" (mayo de

1958) para dotarse de una organización sostenido con delegados elegidos libremente y

con revocabilidad, no obstante la falta de experiencia los lleva a encerrarse en la

empresa y no incorporan a esta organización a trabajadores de otras empresas, lo cual

hubiera posibilitado una discusión colectiva y una extensión de la lucha. Es entendible

que el control que tenía el aparato de izquierda (muchos de los sindicalistas

"democráticos" reciben las instrucciones del PCM y el PCOM) impedía esto.

En un inicio esta Gran Comisión (GC) rebasa a la estructura del sindicato, logrando una

fuerza que hace que el gobierno cumpla sus demandas. Empero la GC se somete a la

estructura sindical, al suponer que el paso siguiente sería ganar las carteras sindicales

y entonces democratizarlo. De esa forma la gran fuerza que representó la GC es

utilizada para convocar la VI Convención sindical, sembrando con ello la derrota. Así

los continuos paros impulsados por la estructura sindical "renovada" en diversas

regiones, van generando un aislamiento y un desgaste de las fuerzas proletarias. La

demanda salarial que podía aglutinar a otros destacamentos proletarios, es llevada al

olvido, colocando al centro la consigna de la democracia sindical, haciendo con ello que

cualquier intento de solidaridad quedara esterilizado.

Es evidente que los ferrocarrileros aún cuando mostraban una gran combatividad no

contaban con experiencia para orientar su lucha, de la misma forma, la presencia y

dominio que ejercían los estalinistas del PCM y el PCOM, lanzaron a los trabajadores a

una sumisión hacia el sindicato, e incluso procuraban someter el descontento

involucrando a los trabajadores en la protección de la empresa. Por ejemplo, en

diciembre del 58, ya establecida la "dirección democrática" con Vallejo a la cabeza,

proponen un plan para "elevar el nivel de operación de la empresa", lo que implicaba

involucrarse en la definición de precios y aranceles, con lo cual llevan el mensaje de

que los trabajadores deben comprometerse en el mejoramiento de la empresa y de la

economía nacional.

De manera que en 1959 cuando los trabajadores vuelven a solicitar aumento salarial,

el Estado puede explotar adecuadamente esa confusión. Cuando en febrero de 1959

los ferrocarrileros exigen un nuevo aumento salarial, sindicalistas "charros y

democráticos" conjugan sus fuerzas para asegurar la derrota.

Los democráticos se encargan de someter a los trabajadores a la estructura de

izquierda del capital, al proponer que PCM y PCOM (y al inicio el PPS) se conviertan en

consejeros, y buscan la fecha menos indicada para el estallamiento de la huelga

Los charros se encargan de abrir paso a la represión

y cerrar con broche de oro el golpe a la combatividad obrera.

De forma que cuando se solicita el aumento salarial, y se tiene una respuesta negativa

por parte del gobierno, se les empuja a estallar la huelga justamente en la apertura

del período vacacional (25-marzo), aislando así a las movilizaciones. Apenas pasaron

tres días cuando la escalada represiva se desata. Policías y soldados son lanzados por

todo el país a tomar instalaciones, golpear, apresar y asesinar trabajadores. De

manera desesperada los ferrocarrileros resistían, llevando la huelga hasta el 3 de abril,

pero ya todo era inútil, el aislamiento en que se encontraban permitió se inflingiera

una importante derrota contra el proletariado. Durante esos días fueron detenidos

3,039 trabajadores (imponiendo sentencias por el delito de disolución social a 68 de

ellos), se despidió a 9 mil y algunos son asesinados.

Algunas lecciones a recuperar

Los trabajadores de los ferrocarriles llevaron a cabo un combate importante, del que el

proletariado actual y futuro tiene mucho que aprender. Y lo que estas jornadas de

lucha nos permiten vislumbrar, es que:

- El sindicato no es ya un instrumento de la clase, por lo cual pretender democratizarlo

es una tarea estéril, que además la burguesía sabe utilizar adecuadamente para

desviar la atención y esterilizar la combatividad.

- La fuerza de los trabajadores se encuentra en su organización y expresión masiva,

por eso el proletariado debe recoger la preocupación que estuvo presente en la

formación de la Gran Comisión, en el sentido de tomar en manos su lucha mediante la

creación de organismos formados por delegados revocables en todo momento y con la

obligación de devolver el mandato a la Asamblea General que lo nombró.

- Las luchas gremialistas o de empresa por más combatividad que puedan expresar

están condenados a la derrota, en tanto quedan aisladas, por ello la solidaridad y la

unidad de las luchas son vitales. Cuando la separación que impone la producción

capitalista y que fomenta el sindicato (por oficio, por empresa, por generación, activos

o desempleados...) queda rebasada y se unen, expresan una gran fuerza que son

capaces incluso de impedir que la burguesía ponga en acción sus fuerzas represivas.

El esfuerzo y la experiencia de los ferrocarrileros deben ser recuperados por el

proletariado para preparar los próximos combates.

REPRESIONES CONTRA EL MOVIMIENTO FERROCARRILERO DE 1958-59.

El movimiento ferrocarrilero, primero por mejoras salariales, e inmediatamente después por

democracia sindical, se inició el 2 de mayo de 1958 con la formación de la Gran Comisión Por

Aumento de Salarios, y se consolidó con la proclamación del Plan del Sureste el 12 de junio y el

estallido de paros a partir del 26 de ese mes.

El 28 de junio su primera gran manifestación en el Distrito Federal (DF) es reprimida al terminar por

la policía y los bomberos, muriendo los trabajadores Rafael Alday Sotelo y Andrés Montaño

Hernández (este último rematado en una delegación de policía). El ejército ocupó el mismo día

todos los locales sindicales. Siguieron los paros y tomas de locales sindicales por los trabajadores

y el 2 de agosto el ejército y la policía intervienen tomando los cuatro locales de las secciones

sindicales del DF, lo que motiva el estallido de una huelga por tiempo indefinido.

El 4 de agosto se realiza otra manifestación en la capital que es reprimida con un saldo de cuatro

muertos, con lo que se desatan paros y huelgas de solidaridad por parte de telegrafistas, maestros

y trabajadores petroleros. Ante la persistencia y ampliación de la lucha, las autoridades laborales

tuvieron que aceptar que hubiera elecciones sindicales, mismas que gana por abrumadora mayoría

Demetrio Vallejo (militante del POCM), quien toma posesión como secretario general el 27 de

agosto de 1958.

El 25 de febrero de 1959 estalla la huelga en los Ferrocarriles Nacionales por la revisión

contractual y se logra un acuerdo de aumento salarial.

El 25 marzo estalla la huelga en el Ferrocarril del Pacífico y en el Ferrocarril Mexicano

demandando un aumento similar, que es declarada inexistente, y un paro de solidaridad de media

hora en los Ferrocarriles Nacionales. Al día siguiente el sindicato propone al gobierno levantar los

paros a cambio del cese a las violaciones al contrato colectivo, pero el 27 comenzaron los

despidos y, cuando aún continuaban las pláticas con el gobierno, se procedió a la detención de

Vallejo y los demás líderes sindicales. El ejército ocupó todos los locales sindicales e instalaciones

ferrocarrileras, aprehendió a casi 10 mil trabajadores y luego fueron despedidos casi 9 mil.

El 3 de abril se reprimió en el DF una manifestación popular en apoyo a los ferrocarrileros y se

detuvo a más de 300 personas. El paro siguió desorganizadamente hasta el 12 de abril, pero el día

15 el gobierno logró instalar una directiva sindical "charra". La represión prosiguió con el asesinato

en Monterrey del ferrocarrilero comunista Román Guerra Montemayor y la detención, el 17 de

mayo de 1960, del líder del POCM Valentín Campa. Se mantuvo varios años en prisión a 800

ferrocarrileros, 150 de ellos acusados de comunistas. Vallejo y Campa fueron liberados hasta 1969

y otro dirigente, Santos Bárcena un poco antes.

Respecto a los motivos de la represión final, Lauro Ortega, (prominente político que fue presidente

del PRI, gobernador de Morelos, etcétera) confesó a Lázaro Cárdenas el 25 de febrero de 1959

(antes de los hechos) que un alto funcionario del gobierno de Adolfo López Mateos le dijo que "si

los ferrocarrileros no realizan la huelga que vienen anunciando, la provocaremos nosotros para

lograr el cambio en la directiva del sindicato".

SEXENIO DE ADOLFO LOPEZ MATEOS, COMENZO DE UNA REPRESION POLITICA.

El sexenio 1958-1964 se inició en plena efervescencia causada por la lucha sindical ferrocarrilera,

que estuvo apunto de hacer temblar al sistema político, y en medio de una difícil situación

económica, que amenazaban con frenar el crecimiento en años anteriores.

Por lo tanto, el gobierno de Adolfo López Mateos se propuso dos metas fundamentales: la primera

consistió en fortalecer al sistema político, cuya solución estribaba en suprimir de raíz todo

movimiento sociopolítico que amenazara la estabilidad del régimen; la otra meta, que era la

reactivación de la economía, estaba condicionada a que se cumpliera la primera.

Por ello, los nuevos dirigentes políticos optaron por apelar un recurso que resolviera el descontento

laboral, y éste estaría encaminado a buscar el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores

como un factor que se consideró muy importante para lograr una paz social que permitiera el

desarrollo económico. El gobierno lopezmateísta se centró en un principio en la búsqueda de esa

paz social, y tomó varias medidas dentro de la vía elegida, en primer lugar estimuló el

mejoramiento de los salarios beneficiando sobre todo a los trabajadores del sector industrial y de

las empresas paraestatales en segundo lugar, se esforzó por evitar que dentro de las

organizaciones de masas, en particular en las de los obreros, adquirieran fuerza los líderes que no

hubieran mostrado plenamente su lealtad al sistema político.

HISTORIA DE UN MOVIMIENTO QUE DEJO HUELLA

Una de las más importantes luchas de la clase obrera mexicana del siglo pasado: las

huelgas ferrocarrileras de 1958 y 1959, y su consecuente represión y violencia contra

los trabajadores del riel por parte el sistema del pri-Gobierno en nuestro país.

El proceso de industrialización en México a fines del siglo XIX, encontró un fuerte

apoyo en la construcción del ferrocarril, y en la expansión industrial en México durante

el período 1930-1960 vuelve a ser un importante bastión, lo que explica su

crecimiento, y con ello el incremento de la masa de asalariados, alcanzando para ese

entonces una plantilla de más de 100 mil trabajadores. La importancia de este sector

llevó al gobierno de Cárdenas en 1937 a ponerlo bajo el control del Estado; y para

poder llevar a cabo este proyecto utiliza al sindicato, en tanto logra que, a través de

este, los trabajadores abandonen sus intereses y se plieguen a los de la burguesía

nacional. En 1958 un grupo de trabajadores ferrocarrileros encabezados por Demetrio

Vallejo y Valentín Campa buscó mejorar su situación económica, pero Fidel Velázquez,

líder de la CTM, descalificó a Vallejo y a su grupo. Luego se llevaron a cabo paros,

huelgas, atentados a las vías generales de comunicación y movilizaciones contra el

Las huelgas ferrocarrileras en México fueron un verdadero parteaguas en la historia

social de nuestro país, no sólo por la capacidad de lucha y movilización de un gremio

entonces tan importante de la clase obrera mexicana: el Sindicato de Trabajadores

Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), sino también por la brutal represión

que instrumentó el poder político en su contra, desde la cabeza misma del sistema, el

entonces presidente de la república priísta, Adolfo López Mateos, y su secretario de

gobernación y futuro presidente Gustavo Díaz Ordaz. Dicha respuesta represiva fue

además del rompimiento de la huelga en marzo de 1959, la expulsión de sus puestos

de trabajo y encarcelamiento de decenas de miles de trabajadores del riel,

destacándose dos de sus líderes más importantes: Demetrio Vallejo y Valentín Campa,

quienes permanecieron once años en prisión, de 1959 a 1970. También como

consecuencia de la represión gubernamental a los ferrocarrileros, el “charrismo”

sindical se consolidó como el mecanismo favorito del PRI-gobierno para someter a las

organizaciones obreras a su sistema corporativo y de control: la Confederación de

Trabajadores de México.

Precisamente el término “charrismo” sindical surge al interior del stfrm en 1948

cuando llega a la secretaría general de ese gremio Jesús Díaz de León, apodado “El

charro”, quien con el apoyo del entonces presidente de la república Miguel Alemán,

expulsó a una dirigencia sindical independiente y con una fuerte influencia comunista.

A partir de ahí, y sobre todo después de la represión a la huelga ferrocarrilera de 1959,

el concepto se hizo extensivo para definir a todo el sindicalismo oficialista, corrupto y

antidemocrático subordinado al sistema del PRI-gobierno. Por otra parte, no hay que

olvidar que los trabajadores ferrocarrileros y la industria a la que pertenecían habían

tenido una larga tradición de lucha social y revolucionaria, pues fue a través de este

medio de transporte que se movilizaron los ejércitos revolucionarios, de Pancho Villa y

Álvaro Obregón, entre otros.

Otro aspecto importante es el apoyo que estudiantes del Instituto Politécnico Nacional

y de la UNAM le dan a la huelga ferrocarrilera, a través del personaje Raúl Álvarez,

quienes con gran generosidad y abnegación van a ser prácticamente el único sector

social que apoya al movimiento ferrocarrilero ante la hostilidad manifiesta de la

Confederación de Trabajadores de México ya encabezada por el inefable Fidel

Velázquez administradores de Ferrocarriles Nacionales, autoridades gubernamentales,

los empresarios y la llamada prensa nacional.

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